lunes, mayo 11, 2009

Racismo en América Latina ¿Y Chile?

La mayor parte de los países de América Latina tiene problemas serios de racismo en su estructura social, en las oportunidades concretas que los miembros de algunas minorías tienen en el desarrollo del país, el acceso a espacios de poder institucional y en las tendencias de los sistemas de control social (institucionales e informales) para utilizar la fuerza u otorgar credibilidad a las personas. Rigoberta Menchú destaca estos días la inexistencia de mujeres indígenas en los cargos de poder en Guatemala a pesar de que estas representan más del 25% de los ciudadanos del país. El Dr. En psicología social brasileño, Luciano Camino, ha destacado en investigaciones recientes, que un chico negro de la ciudad tiene muy bajas posibilidades de llegar a los 31 años, casi diez veces menos que un blanco o un mestizo. Agravada esta situación porque una de sus principales causas de muerte es por “agentes de la ley”. Sin duda que a nivel institucional el racismo ha ido disminuyendo, empujado por la legalidad antidiscriminación que la mayoría de los gobiernos progresistas del continente han implementado en los últimos 20 años. Los gobiernos de Evo Morales en Bolivia y Alejandro Toledo en Perú, han mostrado como algunos de estos prejuicios van quedando atrás. Sin embargo, subsiste en casi todos los países un prejuicio generalizado contra las minorías de origen africano e indígena. En Perú, son cholos, en Argentina, bolitas, en Chile, rotos. Cada país tiene sus denominaciones peyorativas, pero el efecto final es el mismo, intentar controlar la ascensión social de estas poblaciones. Sistema instalado durante la colonización española, pero aumentado y perfeccionado en las modernas naciones que le siguieron. Chile se autodesigna en la categoría de “no racistas” en su autoimagen cotidiana. Sin embargo, basta pasearse por alguna calle del centro de Santiago para escuchar a cómicos callejeros reírse sin piedad de peruanos, negros, indígenas (además de gordos, homosexuales, mujeres y un largo etc.) sin que nadie los censure por ello e incluso causando muchas risas entre su audiencia callejera. Por otro lado, las instancias más institucionales del país brillan por su blancura-católica-heterosexual. De los 120 diputados del Congreso chileno, sus 38 senadores y los 21 jueves de la Corte Suprema, ninguno es de origen mapuche o de otra étnia originaria. Entre alcaldes y concejales, la cifra mejora. De los 345 que existen, 12 tienen alguna ascendencia indígena, lo que da un exiguo 3,48%. Sólo tres ellos tienen ambos apellidos indígenas, menos del uno por ciento. Todo esto tomando en cuenta que los pueblos originarios son el 5% de la población según el último censo, falta mucho para que tengan una representación adecuada. Especialmente si se toma en cuenta que otros grupos de ascendencia europea y menor peso demográfico si tiene presencia en estas instancias. Todavía Chile, al igual que el resto de América Latina, muestra indicadores de racismo en el acceso a oportunidades y en acceso al poder formal. Si no se toma en cuenta esta deficiencia no se puede pretender que estas minorías se sientan chilenos.

martes, mayo 05, 2009

El Demiurgo y su Golem: El aburrimiento de un patriarca

Padre ¿por qué nos has abandonado? Es la pregunta que muchos querríamos hacerle a Ricardo Lagos. El otrora respetadísimo ex Presidente a jugado una tras otra en contra de su sector y de su coalición. Ya es historia lo mal que recibió las críticas por los problemas generados a Bachelet por el Transantiago, por la desaceleración económica y hasta por el estilo de la mandataria.

Ahora va más lejos. Como nadie (o no los suficientes) se acercó de rodillas a rogarle que fuera candidato, entonces la clase política entera es culpable de que hayamos perdido a un líder incomparable. Por ello toda la política chilena es aburrida. No como en sus tiempos. Cuando cada semana podíamos ver y escuchar al presidente hablar de su alta envestidura en tercera persona con frases como: “Al presidente de Chile no se le grita”, “El presidente de Chile es una persona seria”, (y la peor) “Al presidente de Chile no se le pide explicaciones”. Y tantas otras con las cuales se dirigía por iguala diputados que a obreros de la construcción.

Recuerdo nuestro entusiasmo de aquella época, que labró parte importante de la política chilena de hoy. Todos querían ser Lagos. Todos (hasta Lavín) se apoyaban en Lagos, sus frases, sus proyectos. Para los candidatos a las municipales y las parlamentarias una foto con él valía más que cinco minutos de televisión. De hecho muchos de los actuales concejales/as, alcaldes/as, diputados/as y senadores/as salieron de su gobierno. ¡Va! Y ahora que lo pienso, también de ahí salieron varios de los actuales ministros y subsecretarios. Y, por su puesto, la propia presidenta. Todo ello muestra lo buen presidente que fue y el buen halo que cubrió a sus colaboradores. Qué pasa entonces que Lagos se aburre cuando mira el presente político chileno, espejo de su pasado reciente.

Lagos dio vida a la política actual. Los temas tratados y la forma de hacerlo tienen la innegable huella de su gobierno, es el Demiurgo de este universo político presente. Pero, a diferencia del mítico ser helénico, el universo que creó le aburre, lo considera trivial. Como si el resultado de su personalísimo gobierno no fuera lo que él esperaba, un universo maravilloso de país desarrollado, serio y laborioso, si no tan sólo un torpe Golem que no sabe a dónde va ni para qué.

Tal vez sea que ya no hay “grandes líderes”, o lo que es lo mismo “grandes caudillos”, y Chile debe buscar su norte sin los patriarcas iluminados a la cabeza. Solos, como iguales, aburridos y triviales, avanzando según podamos ponernos de acuerdo.

lunes, abril 20, 2009

Chile: país liberal

Este fin de semana, impulsados por el boom de Obama en la cumbre de las Américas, varios periódicos españoles publicaron artículos de análisis sobre América Latina y en especial sobre Cuba. Entre estas publicaciones el diario Público, representante del sentir de parte importante del PSOE en el gobierno, hace un análisis del continente y sus relaciones con Cuba en función de la orientación política de sus gobiernos. Hace cuatro categorías: países ALBA (en torno a Venezuela), países progresistas (entre los que destacan Brasil, Argentina y Uruguay), países conservadores (como México y Panamá) y hace una categoría llamada "Liberales" donde incluye a Chile, Perú y algunos más.
Llama la atención esta clasificación porque dicho periódico ha publicado en diversas ocasiones noticias sobre Chile y especialmente sobre Bachelet y su hitoria militante. Es decir, el diario conoce perfectamente la condición de socialista de la presidenta al igual que las características de la alianza de gobierno como opositora a la dictadura.
Sin embargo, los credenciales socialistas y de derechos humanos no le han sido suficientes al gobierno chileno para que en España los socialistas lo consideren progresista. Chile no da la talla para ser progresista. Sus políticas públicas así lo delatan ante el mundo.
Nuestra carga tributaria, la salud privada, la falta de una educación pública de calidad, nuestra tendencia a privilegiar la bilateralidad antes de los grandes pactos en política internacional, etc. Las más vistosas de nuestras políticas públicas en e exterior, las que están detrás de los éxitos que se muestran al mundo, son, en su mayoría, de corte liberal, no progresista.
Por su puesto que es importante aclarar que para el estado actual de las cosas en España y en Europa, ser liberal no es necesariamente ser de derecha, por ello hacen la diferencia con los conservadores, pero no aceptan gato por liebre.

jueves, abril 16, 2009

Brasil en América Latina: reconocer su liderazgo o seguir en la vía chilena.

Brasil en América Latina es un gigante sin competidores reales. Argentina ya no es la potencia emergente que se esperaba y México tiene demasiados problemas para preocuparse por la geopolítica. Chile, a pesar de su rápido crecimiento y su expansión económica por el continente, es demasiado pequeño y demasiado tímido para poder ejercer un liderazgo efectivo. Y, aún cuando lo pudiera ejercer, no tiene los credenciales de escala sociodemográfica y económica para competir directamente con Brasil. Chile debe y puede aspirar a ser un actor clave en sudamérica; puerta de entrada y comunicación con todo el subcontinente, como Holanda lo es en Europa. Para eso debe convertirse en un articulador, no en espectador.
Brasil por si sólo ya es la décima economía mundial y mejora cada año. Por tanto, las voces alarmistas que señalan los peligros de UNASUR como base para el liderazgo brasileño son ridículas, no por falsas, sino por absurdas. No hay otro candidato, por el momento, para llevar adelante el proyecto unificador del continente, con fuerza negociadora y capacidad de motor económico. Prácticamente todos los países de sudamérica comercian con Brasil entre el 25 y el 40% de su comercio internacional. Este liderazgo, además, es urgente a la vista del desarrollo de otros polos con liderazgos claros como Europa (Alemania), Asia (China), Rusia e India.
Si queremos seguir creciendo económicamente con posiciones fuertes para negociar frente a estos colosos debemos ser un bloque unido, fuerte y cohesionado. Esto sólo lo puedo lograr un proceso que respete las situaciones diferenciales de cada país, como se hizo y se hace en Europa y Asia.
Brasil esta dando pasos en esa dirección y Chile debe decidir se va a sumar y a ser un socio estratégico en ese proceso o se opondrá a Brasil, estorbará sus movimientos y entorpecerá la convergencia latinoamericana.
UNASUR, la coordinación militar continental y ahora la negociación en monedas locales, son pasos que nuestro tradicional socio está dando para afianzar la integración bajo su primacía. Colombia, Uruguay y hasta Argentina han ido comprendiendo esta realidad y negociando con Brasil el apoyo a sus planes de posicionamiento regional y global. ¿Qué haremos nosotros? Seguir llamando a Washington para preguntar que hacemos o jugarnos una carta local con un aliado tradicional.

viernes, marzo 20, 2009

No pienses en una crisis; no pienses en una crisis, no pienses…

No es posible no pensar en la crisis. Me siento a leer el diario tomando un café y ahí está la crisis. Me pongo a ver televisión y ahí está la crisis. Voy en el metro o el ascensor y alguien va hablando de la crisis. Por eso es que no leo el diario desde hace una semana, no veo las noticias no los programas de discusión, ni la publicidad, ni las miniseries. Salgo de casa lo menos posible y casi no hablo con nadie. Y cuando creo que puedo escapar de la crisis, me llama mi jefe y me dice que estoy despedido por falta de presupuesto...

domingo, marzo 01, 2009

Obama y América Latina: cuando menos es más.

Muchos analistas insisten en destacar la baja atención que Obama le ha prestado a América Latina en sus primeras acciones al frente del gobierno de EE.UU. Les parecen poco las ya evidentes señales de los primeros acercamientos con Cuba, pese a las ofensivas periodísticas de Fidel. Da la impresión de que algunos analistas esperan de Obama cosas insólitas, ingenuas y a veces hasta absurdas. Que Obama signifique un cambio en las relaciones de EE.UU. con América Latina es un hecho, pero que este cambio sea radical parece un exceso. Se habla de alianzas y de cooperación como si el país del norte dejara de ser el principal poder del mundo sólo por el mero hecho de estar gobernado por Obama. Estos comentaristas parecen esperar que EE.UU. trate a los países del sur como nunca ha tratado a ningún país del mundo: con respeto, como iguales. Eso es desconocer la historia de los últimos 200 años.

Ese respeto y ayuda que muchos esperan de Obama no llegará jamás. No porque Obama sea un mal presidente. Por el contrario, mientras mejor presidente sea para su país, peor será el efecto para América Latina. Esa es la historia presente y pasada de nuestra región – y del mundo entero – con EE.UU. Y no cambiará por un simple cambio de presidente.

Estos últimos años, después de que Bush “abandonara” la región para concentrarse en su guerra contra el terrorismo, América Latina pudo completar uno de los ciclos más largos de estabilidad y desarrollo económico de su historia. Los años de Clinton, en cambio, donde hubo una preocupación activa por América Latina, todos los países de la región, con la honorable excepción de Chile y Costa Rica, tuvieron grandes problemas políticos y económicos inducidos o agravados por la “atención” prestada por la Casa Blanca. Esto quedó expresado en el dogmático consenso de Washington que destruyó o debilitó a todas las grandes economías de la región. Es decir, cada vez que los estadounidenses se preocupan por América Latina la historia termina en descalabro político y económico.

Por mi parte, espero que Obama haga lo único bueno que EE.UU. puede hacer por nosotros: ignorarnos. Que deje que tomemos nuestras propias decisiones y resolvamos nuestros problemas. Así habrá muchos menos muertos y mucho más desarrollo. En este caso creo, firmemente, que menos es más.

miércoles, enero 28, 2009

Superar el miedo: democracia pos dictadura en España y Chile. En Conversación con el blog Protego ergo obligo.

Hace unos días conversábamos con el politólogo español Gonzalo Caro, amigo y compañero de trabajo, sobre la seria dificultad que tiene la política y la ciudadanía española en lograr “hablar” de la dictadura franquista sin que aparezca el miedo a nuevos conflictos. Esto ha llevado a que en España no exista un juicio generalizado al aparato represor de la dictadura, si no un consenso en que ese tema no se puede abordar, al grado de negarse abrir fosas de cadáveres de hace 70 años, como la familia de García Lorca.
Gonzalo escribe en su blog sobre esa conversación y me pide algo muy difícil, que detalle algo del proceso de la dictadura chilena. Particularmente en un punto que a mi me llama la atención. En Chile, creo, uno de los procesos mentales que ha permitido el juicio generalizado a la dictadura es que aquellos que fueron partidarios de la dictadura se han visto obligados ha hacer un ejercicio mental – cínico si se quiere y por supuesto muy cuestionable – que consiste en separar el golpe de Estado de la dictadura posterior. La mayor parte de la derecha, y probablemente muchos democratacristianos (que son parte de la coalición gobernante desde el término de la dictadura), siguen considerando aún hoy que el golpe era necesario pero insisten en condenar por separado las atrocidades del régimen de 17 años que vino después. Cuáles son las diferencias que han permitido que la ciudadanía y los políticos de ambos países evolucione de forma tan distinta? A lo menso yo veo tres grandes diferencias, siguiendo el esquema que Gonzalo Caro aporta en su blog: 1º- El golpe en Chile tuvo mucho de hexodirigido por los servicios secretos de EE.UU. lo que está acreditado judicialmente en la actualidad. Eso incide, creo yo, en que los odios entre los chilenos tuvieron mucho de fabricados y luego se mantuvieron por los horrores del bando en el gobierno. En España en cambio, lo veo como un proceso mucho más interno, la continuación de un siglo de guerras, dictaduras y pronunciamientos. En ese escenario es muy probable que el odio entre compatriotas tenga raíces más profundas que en el caso chileno. 2º- En Chile no hubo guerra civil, pero si un régimen que tenía toda la capacidad represora de su parte contra una ciudadanía desarmada que intentó organizarse y fue sistemáticamente diezmada y aterrorizada. En ese sentido, la dictadura afectó a prácticamente todos los chilenos, de hecho creo que aún hoy no hay nadie que no tenga muy clara cual es su postura al respecto, tal como describe Gonzalo Caro que ocurre en España. Sin embargo, es cierto que 17 años no son igual que 40. Que el efecto sobre el ordenamiento social y la cultura nacional es menor en el caso chileno. De hecho en Chile Allende es un héroe para muchos y un ícono de la lucha por los cambios sociales, a diferencia de lo que sucede con Azaña en España que parece ser un nombre más en la historia. 3º- La legitimidad de la democracia posterior. En Chile la constitución (y también la ley de amnistía) la promulgó el dictador, por lo que desde el primer momento del regreso a la democracia gran parte del aparato político se sintió libre de criticarla y de modificarla, a pesar de la tutela militar que existía. La constitución que rige hoy Chile es la misma de Pinochet sólo de nombre, pues no tiene ninguno de los enclaves autoritarios que había dejado la dictadura y, aunque sea necesario para algunos de nosotros hacer un nuevo proceso constituyente, la legitimidad de la democracia actual no se basa en la constitución si no en el proceso mismo de institucionalidad democrática, donde la constitución es uno más de los elementos y se habla de modificarla sin demasiado problema. En España veo que tocar la constitución es una especie de tabú, supongo que por lo que costó el consenso para llegar a ella en los partidos políticos, pero, además la propia ley de amnistía se dicta bajo una transición democrática, lo que hace una diferencia respecto a la legitimidad del proceso. 4º- Los juicios. En Chile se pudo juzgar (mas no encarcelar) a Pinochet, en España no se pudo juzgar a Franco. Si, eso es una diferencia importante que, tal como dice Gonzalo, puede afectar las catarsis colectivas que complican en España hablar del tema. Pero creo que es más que eso. En Chile se juzgó a Pinochet cuando ya fue imposible no hacerlo. Primero se juzgó a muchos militares, más de 600, y aunque no se podía en muchos casos aplicar penas debido a la ley de amnistía, si hubo investigaciones y se acreditaron muchos hechos de tortura y asesinato de opositores a la dictadura. Se llevó adelante dos investigaciones de parte del aparato político que acreditaron las desapariciones, las torturas y los métodos sistemáticos de la dictadura. El proceso aún no acaba, pero hay militares que están o han cumplido penas de cárcel. No son todos los que debieran, pero son muchos, entre ellos generales y otros oficiales. Este proceso no ha permitido que todos y cada uno de los chilenos sienta que se ha hecho justicia, estamos lejos de eso, pero sin duda que hay un proceso colectivo de catarsis y limpieza. Por otro lado, hay que decir que gran parte de la derecha no dejó de apoyar a Pinochet por los asesinatos y las torturas, si no que cuando se realizaron las investigaciones sobre enriquecimiento ilícito y aparece la tremenda fortuna de una familia que al comenzar la dictadura no eran, económicamente, más que la familia de un militar. Lo que quiero decir es que juzgar a Pinochet fue un proceso de desacreditación de la dictadura que duró años y que la detención en Londres apresuró, pero que no aparece mágicamente después de Londres. Si no hubiera habido un grupo de abogados y jueces (que no políticos por cierto) valientes y comprometidos probablemente, aún con la detención en Londres y todo, nunca habría habido juicio a Pinochet. Ya me he alargado mucho para un post, así es que espero la réplica y los comentarios.

lunes, enero 19, 2009

¿Necesita Chile otro partido de izquierda?

Recuerdo una encuesta realizada en un Consejo Nacional del PPD, donde un alto porcentaje de los asistentes se declaraba de izquierda. Era una época en que el gobierno de Ricardo Lagos optaba por subir el IVA y no los impuestos a las empresas. Mantener el superávit y no recurrir al déficit para invertir en proyectos estatales que reduzca el desempleo. Vender los derechos de agua para obtener recursos frescos en vez de apoyar un impuesto a la minería del cobre. Es decir, mientras el partido se definía a nivel nacional como de izquierda o socialdemócrata, su gobierno (recordemos que Ricardo Lagos es legalmente PPD) aplicaba medidas liberales. Luego hemos visto como el PPD ha tenido una fuga por la derecha de militantes muy relevantes.

Hoy vemos que el Partido Socialista tiene una fuga por la izquierda de militantes muy relevantes para su historia.

La izquierda renovada de la Concertación pierde apoyo por ambos frentes y ya hay planteamientos sobre un nuevo referente de izquierda que incluya al PC. Me surge a pregunta entonces ¿necesita Chile un nuevo partido de izquierda? Viviendo en España es imposible no comparar la situación chilena con la española, donde existe Izquierda Unidad (IU), un partido que une a lo que quedaba del comunismo con otras organizaciones de izquierda para hacer un frente común electoral y programático.

Recuerdo también que una querida diputada chilena me decía hace algunos años, que era difícil apoyar proyectos más de izquierda en la concertación puesto que no había ningún referente de peso que contrarrestara el peso de la derecha en la opinión pública. Era el centro político el espacio de batalla, por lo que los discursos y los programas iban a disputar ese frente.

Este último efecto es muy importante para la discusión sobre un nuevo referente. Es muy probable que un nuevo referente de izquierda en Chile no sea una opción de gobierno en un horizonte inmediato. Sin embargo, esa no es la única razón para una formación a la izquierda de la Concertación, sobre todo si pensamos en perspectiva de país. Una agrupación de izquierda que logre acumular un apoyo electoral de a lo menos un 10%, con sus correspondientes representantes en el Parlamento, obligaría a la Concertación a izquierdizar su discurso y sus programas, pues necesitaría los votos de esa izquierda en el parlamento para gobernar. Es decir, el campo de batalla electoral se desplazaría a la izquierda.

Esto, eso sí, ocurre sólo si esa nueva referencia de izquierda se mantiene fuera de la Concertación, apoyándola sólo para votaciones puntuales y no para formar gobierno. Eso es lo que sucede con IU y el PSOE en España. Si estas agrupaciones tuvieran un gobierno común, probablemente el efecto de la izquierda se neutralizaría ante la "realpolitik".

Por otro lado, en el caso chileno, un referente de izquierda con opción de poder real da a la ciudadanía más alternativas de voto, de información y de participación, con lo que nuestra democracia mejoraría ostensiblemente.

En definitiva, un nuevo referente de izquierda lo suficientemente potente e independiente de la Concertación, le haría mucho bien a Chile y permitiría a partidos como el PPD y el PS recuperar parte de sus discursos perdidos para luchar por ese electorado de izquierda y frente a la ciudadanía le aportaría mayor credibilidad a la política chilena.

miércoles, diciembre 24, 2008

Decisiones de Estado en Economía

El 14 de febrero de este año Tito Flores escribió un interesante post en el portal PoliticaPublica.cl sobre la fortaleza regulatoria chilena a la luz de la negativa del Tribunal de la Libre Competencia para aceptar la fusión de D&S y Falabella, que habrían creado una mega empresa (para el mercado chileno) del retail. En esa ocasión comenté el texto por la otra mirada, no la del consumo, sino la de la economía nacional. Esto, a propósito de la vulnerabilidad de las empresas chilenas frente al mercado global de adquisiciones. Hoy esa mirada se ve contrastada positivamente en la lamentable forma en que Wal Mart llega a chile, comprando y no invirtiendo. Puede parecer raro que un progresista socialdemócrata como yo sienta el impulso de defender empresarios que han dado muestras más de alguna vez de su conservadurismo ultraderechista, sin embargo, la política pública se diferencia de la política a secas justamente por ser capaz de mirar más allá del beneficio político inmediato y preocuparse por los beneficios para el país a largo plazo. Además, en este caso salimos de las brasas para caer al fuego, con el agravante de que si surgen problemas estará el embajador estadounidense llamando a la Moneda. Más allá de este caso, que ya está casi resuelto, lo importante es plantearse cuál ha de ser la mirada de Estado que debemos tener frente a la creación y mantención de la gran empresa. Plantearse, por ejemplo, por qué en Chile las pequeñas y medianas empresas casi nunca se convierten en grandes empresas, como sí ocurre en el mundo desarrollado. Por qué cuando una gran empresa chilena comienza su expansión en América Latina, en un porcentaje importante, termina adquirida por empresas globales. España, Alemania, Italia o EEUU actúan de manera muy diferente cuando se trata de sus empresas. Cuando las automotrices se ven en riesgo de ser adquiridas, como ahora, surgen estas grandes ayudas que son estatizaciones encubiertas con promesa de devolución, con cláusulas que impiden el ingreso de inversionistas no nacionales. Esos casos se han repetido en compras fallidas por la intervención estatal famosas como Alitalia, Endesa España, Boing y seguro que hay muchos casos más. El Estado chileno debe dejar de ser un mero espectador pasivo frente a los movimientos de las grandes corporaciones internacionales y debe proteger e incentivar la internacionalización de las empresas chilenas. Si esto no sucede, pronto se acabará con las pocas grandes empresas chilenas, con la importante baja de recaudación de impuestos que esto significará y la merma en la capacidad de controlar el mercado del empleo, que, de paso, cuando se quiera proteger significará ceder ante presiones internacionales que no considerarán las necesidades del mercado nacional.

domingo, julio 06, 2008

AMÉRICA LATINA SIGUE EN LA IRRELEVANCIA

Una muestra más de la irrelevancia de América Latina para la construcción de los discursos y los significados en el mundo actual lo da la última lista de los 100 intelectuales más relevantes del mundo que publica, por segundo año, la influyente revista Foreign Policy. En esta lista sólo figuran cuatro latinoamericanos: el brasileño Fernando Enrique Cardoso, el peruano Mario Vargas Llosa y los mexicanos Enrique Krauze y Alma Guillermoprieto. La revista profundiza poco en la metodología de elección de estos intelectuales y aún menos en cuáles han sido los aportes que les han hecho tener el honor de parecer en la lista. Sin embargo, más allá de la validez metodológica o de la ligereza de este tipo de ranking, lo que quisiera resaltar es que pese a representar el 10% de la población del planeta y algo más del 10% del PIB global, América Latina no tiene una relevancia equivalente a nivel mundial. Este fenómeno no sólo se explica por la consabida supremacía de EEUU y Europa en el mundo de las ideas y en la conducción del mundo. Hay otro fenómeno más local de la región, empezando por la idea misma de región. Un ejemplo es lo que ocurre con los estudiantes latinoamericanos que llegan a Europa y descubren que toda universidad, sea de gran o de mediana importancia, tiene un centro, instituto o departamento dedicado a los estudios latinoamericanos, con lo que quiera que esto signifique. Esta situación difiere mucho del ambiente en nuestros países, donde la mirada está puesta en el propio país y en EEUU. No sólo son pocos los institutos universitarios dedicados a mirar el continente, sino que cuando los hay su mirada tiende a dividir la región en sus respectivos países y por tanto se olvidan del conjunto. En América Latina nos auto-jibarizamos. Disminuimos nuestra importancia al presentarnos como pequeños pedacitos de continente, sin vínculos entre nosotros, sin peso económico ni relevancia estratégica (con las excepciones de Brasil y México) y sin capacidad de acción conjunta. Mientras no seamos capaces de pensar y proyectar una América Latina unidad como bloque frente a los demás centros de poder seguiremos siendo irrelevantes. Esta es una muestra más del colonialismo mental que padecemos y del cual nuestros intelectuales no se salvan.

viernes, abril 11, 2008

Mérito y desigualdad: Publicado en PolíticaPública.cl

Un artículo interesante que he publicado en www.politicapublica.cl donde desarrollo la idea del mérito en el ámbito público como un diferencial de logro y no como un mero indicador de logro. Esto apuntando a mejorar la eficiencia y evitar el enclaustramiento del sistema público.

viernes, abril 04, 2008

Tribunal Constitucional: ideología institucionalizada

Es indecente la situación del Tribunal Constitucional de Chile. No sólo porque se trata de una entidad extraparlamentaria que define la viabilidad de las leyes en un país democrático -situación ya difícil de explicar desde el punto de vista de la democracia que supuestamente rige en nuestro país- sino por lo fácil que resulta presagiar sus fallos mediante el simple ejercicio de evaluar la ideología política y religiosa de cada uno de sus integrantes. Así lo hicieron algunos medios, entre ellos El Mostrador, quien hace una semana adelantó cuál sería el fallo del Tribunal en el caso de la píldora del día después.

Este hecho denota una falta total de imparcialidad de estos jueces. Si para saber cómo votarán sólo basta con conocer la ideología de cada uno de ellos, entonces dicha institución sobra en la estructura gubernamental chilena. Ese rol ideológico ya lo cumple el Congreso Nacional en sus dos cámaras, las que, además, son elegidas por los ciudadanos y por ello cuentan con “mayor” legitimidad para decidir, ideológicamente, cuáles son las leyes que deben caber dentro de la Constitución del Estado.

Si los jueces no pueden cumplir su rol prescindiendo de sus valores ideológicos significa que no pueden tener un estatus superior al del sistema político. Este sistema es el que, por decisión de una mayoría, debe buscar los consensos entre los valores ideológicos de todos los ciudadanos, utilizando el criterio de mayoría como guía y el criterio de acuerdos como sistema de convivencia. Eso se llama democracia. Y no puede ser coartada por un puñado de retrógrados que no pueden ser evaluados por los ciudadanos.

Más descarada aún es la actitud de estos jueces cuando pretenden que creamos que todos los países desarrollados del mundo están equivocados en sus juicios científicos y morales y que sólo en Chile estamos en lo correcto científicamente hablando. Simplemente no son creíbles. Están actuando fuera de la legitimidad democrática. Cumplen dos criterios de la indecencia, según la Real Academia Española de la Lengua: Falta de honestidad y hechos vergonzosos.

martes, abril 01, 2008

Beneficios focalizados; pagos generalizados

La política impositiva de la Concertación evidencia sus contradicciones cada vez que se discute el IVA. Pronto escucharemos a Andrés Velasco repetir lo que ya nos dijeron Foxley, Aninat y Eyzaguirre: que el IVA es uno de los principales ingresos del Estado, que es el impuesto más seguro de recaudar, que no se pueden llevar adelante las políticas sociales sin dinero, que el dinero no crece en los árboles, etc.

La recurrente tendencia de la Concertación a subir el IVA cada vez que hay problemas de recaudación ya que garantiza un fácil ajuste del sistema económico se está convirtiendo en un problema económico serio. Chile tiene una carga impositiva general baja para su nivel de desarrollo si se le compara con países de similar tamaño y riqueza, también si se le compara con el total de países americanos. Sin embargo, a pesar de eso, tiene uno de los IVA más altos del mundo, sólo superado por países más ricos y con sistemas socialdemócratas como Argentina (21%), Suecia (25%), Noruega (25%) o Dinamarca (25%). Esto es una distorsión.

Nuestros economistas liberales de la Concertación, tan proclives a mantener el orden y seguir las normas aceptadas, se pasan de la raya con facilidad cuando se trata del IVA. Cuestión que no sería relevante si no fuera porque el problema de fondo es el que no se soluciona cada vez que se ha recurrido al IVA para sostener las finanzas públicas. El problema es la baja recaudación de los impuestos a las personas, del todo desproporcionada para el nivel de riqueza del país, lo que se explica por la diferencia enorme que existe entre las tasas aplicables a las empresas y las aplicables a las personas. Pero corregir este problema es un conflicto político de proporciones, salvo que se corrija a la baja, para que la derecha lo apoye.

No parece razonable que un profesional de alto nivel que gane con su trabajo especializado 60 ó 70 millones al año deba pagar el 30 ó 40 por ciento de sus ingresos en impuesto, cuando un empresario que gana 1.000 millones sólo debe pagar el 17%, eso sí mientras mantenga el dinero dentro de la empresa. Este es el verdadero problema, el verdadero desajuste.

Hay que bajar el IVA porque el IVA es un impuesto general e indiscriminado, por lo tanto regresivo, en cambio los impuestos a las personas son impuestos progresivos, buscan la redistribución, pero estos deben ser razonables y, sobre todo, deben estar al mismo nivel que los impuestos a las empresas para no generar sistemas incentivos perversos a la evasión.

No podemos pretender un país justo y solidario cuando las políticas sociales son focalizadas al máximo y los costos son distribuidos a todos por igual, eso es un modelo de derecha liberal, no un modelo social de mercado.

viernes, febrero 15, 2008

Autonomía Mapuche dentro del Estado Nacional Chileno

En 1545 la Corona española reconoció en una Real Cédula el derecho de los indígenas americanos a formar “pueblos de indios”, estructura pensada con el fin de proteger a las poblaciones originarias de la explotación, esclavización y exterminio que los encomenderos estaban realizando en las colonias, situación advertida unos años antes por Bartolomé de Las Casas.


El poder imperial pareció más dispuesto que el Estado chileno actual a reconocer la capacidad de autogobierno y diferenciación de los pueblos originarios. Muchos de los municipios que hasta hoy conservan nombres indígenas se crearon al amparo de estas llamadas “leyes Nuevas”. Apoquindo, Melipilla o Vichuquén fueron algunos de estos pueblos, habitados y administrados por indígenas, bajo la leyes del imperio español.


Cuesta creer que un imperio medieval pueda ser más progresista que los socialdemócratas del siglo XXI. Tal vez sea, básicamente, por las distintas maneras de entender lo que hoy podríamos llamar identidad cultural. Nuestro progresismo se fraguó a la par de la construcción del estado-nación de América Latina -entendiendo que la unidad territorial era símil de la unidad idiomática, étnica y cultural- y, por tanto, tendió a ignorar las diferencias y a enfatizar las similitudes. Eso estuvo muy bien para el siglo XIX y gran parte del XX, donde las luchas reivindicativas apuntaban a una cuestión de necesidades básicas de clase, a aumentar el acceso de grandes masas al bienestar de la modernidad. El problema es que, una vez superada las necesidades básicas de sobrevivencia, surgen otras necesidades, más subjetivas y diferenciadas entre grupos culturales. Son las necesidades de reconocimiento e identidad, de autoestima personal y colectiva. Este fenómeno es aumentado y perfeccionado por los efectos de la globalización, debilitamiento de los valores de estado nacional y procesos de individualización. Es decir, la emergencia de lo local a nivel global, saltándose las etapas intermedias.


En Chile este proceso se manifiesta políticamente en la presión que realizan las regiones para conseguir el autogobierno de los propios recursos y, por su puesto, en la creciente organización mapuche en un movimiento de carácter internacional. Esto último no tiene nada de nuevo: Chiapas, País Vasco, Timor Oriental, Chechenia o Kosovo son casos paradigmáticos de situaciones similares mal resueltas por gobiernos nacionales.


En esos casos, la oposición sistemática de los gobiernos nacionales a reconocer las características diferenciadoras de colectivos culturales específicos colabora, y hasta gatilla, la sinergia diferenciadora, teniendo el efecto contrario al buscado. O sea, la porfía del Estado en no reconocer las diferencias del mundo mapuche y su capacidad de autonomía dentro del espacio nacional puede llegar a ser el origen de una radicalización del proceso diferenciador.


Casos muy distintos son los vistos en Québec, Yukón o Nunavut, que llevan muchos años de autonomía dentro del Estado de Canadá sin buscar ninguna independencia de él; por el contrario, los separatistas de Québec hicieron en 2007 un plebiscito de independencia que perdieron frente a los unionistas. También es digno de citar el exitoso caso de la confederación Suiza, donde cuatro tradiciones culturales, con distintos idiomas y religiones, han llevado adelante un Estado federado con un alto nivel de cohesión interna y estabilidad político administrativa.


La situación mapuche no variará a favor de la integración–desintegración que pretende el Estado chileno. Sólo variará en dos direcciones posibles, tal como ha ocurrido con todos los casos conocidos de este tipo de conflictos: Positivamente, si la sociedad chilena aprende a reconocerlos como diferentes dentro de su “chilenidad” y les presta atención a sus demandas de autonomía relativa dentro de un estado nacional común. O negativamente, si se insiste en ignorar estas demandas, puesto que aumentará el peso político y la legitimidad de los separatistas radicales, lo que puede derivar con toda probabilidad a un aumento de la violencia del conflicto en los próximos años. Esperemos que el hecho de tener en la actualidad a un historiador como Ministro cercano a la presidencia sirva de algo para evitar un panorama negativo.

martes, enero 29, 2008

Las advertencias de Dante Caputo

Recomiendo este artículo de Dante Caputo, nos recuerda cuan frágiles y superficiales pueden ser los logros de América Latina, donde la democracia todavía se dibuja difusa en muchos aspectos. Todavía hay mucha desigualdad y violencia en el continente y esto amenaza las metas obtenidas estos últimos años.
Los debates prohibidos de América Latina Por Dante Caputo (publicado en Project Syndicate)

Hace veinticinco años, solamente Colombia, Costa Rica y Venezuela eran democracias razonablemente estables en América Latina. Hoy, en toda la región existen las que pueden considerarse “democracias electorales”. De hecho, en ningún otro momento después de la independencia ha habido tal proliferación democrática en América Latina.

Pero lo que se ha ganado nunca se puede dar por seguro. Un golpe militar no es la única manera de destruir una sociedad. Como lo observara el cientista político Guillermo O’Donnell, la llama de la democracia también puede extinguirse gradualmente cuando los sueños de justicia y progreso social no se hacen realidad.

En los 25 años de espectacular encumbramiento de la democracia en América Latina, el ingreso per cápita ha aumentando en apenas $300. Incluso en Chile, que ha tenido un alto crecimiento económico y ha reducido la pobreza a la mitad, y Brasil, que en los años 90 redujo en un tercio el porcentaje de ciudadanos que viven bajo la línea de la pobreza, la concentración de la riqueza ha aumentado. (ver artículo completo)

lunes, enero 28, 2008

El precio fijo: cómo dar un salto a la lectura masiva en Chile

Durante años en los círculos editoriales y de escritores se ha hablado de la posibilidad de quitar o bajar el IVA al libro. Esta medida es una blasfemia para la ortodoxia del modelo económico, que considera que el tratamiento diferencial de productos o servicios deriva en deformaciones contraproducentes del mercado.
Sin embargo, la realidad dice otra cosa. En la Europa actual, la de moneda única, con Banco Central independiente y exigencias de déficit fiscal cero -es decir, en una Europa con un modelo económico casi tan liberal como el chileno- el libro tiene un tratamiento especial y además exitoso.

En países como Francia, España o Inglaterra, el libro ya tiene un IVA diferenciado, y en varios casos europeos el IVA es cero; en el caso de España es 4% (el IVA general es 16%). Pero, además de esta “aberración económica” que significa favorecer la oferta de un producto considerado especial, los españoles y franceses tienen el “precio fijo”, es decir, lo que llaman “el derecho a comprar un libro al mismo precio en cualquier lugar del territorio nacional”, lo que en la práctica deriva en que cada punto de venta, sea una pequeña librería de pueblo o una gran superficie urbana, vende al mismo precio impuesto por el editor. Doble blasfemia mercantil: subvención indirecta y restricciones a la competencia.

¿Pero cuáles son los resultados de estas políticas que llevan decenas de años aplicándose? Pues que España es el principal editor de habla hispana en el mundo, muy por sobre México, Argentina o Colombia. Y no es sólo la que más títulos vende, también la que más edita; es, de hecho, el tercer país del mundo que más edita, según los datos del Ministerio de Cultura. Y esto es así debido a que el sistema les permite a las editoriales (grandes y pequeñas) asegurar mayores volúmenes de venta a nivel local, con lo cual pueden competir a mejor precio a nivel internacional.

Francia suspendió durante los años noventa este mecanismo de control de mercado y a debido reponerlo recientemente debido al riesgo de desaparición de editoriales y de librerías pequeñas y provinciales, pues para ellos preservar esas instituciones tiene prioridad estratégica.

Esto representa un comercio interesante para España: las ventas al exterior durante el 2006 superaron los 1.000 millones de dólares, beneficios a los cuales se debe agregar un nivel importante de empleo especializado y un no despreciable posicionamiento como productor de cultura en la imagen país.

Lo más curioso es que España no produce papel ni tampoco produce los escritores que más venden a nivel global y varios de sus grupos editoriales ni siquiera utilizan el castellano como primera lengua. Es más, los tres principales clientes de España en productos editoriales son Francia, Inglaterra y Brasil, por lo que no se puede interpretar su importancia en este rubro a nivel global sólo por una supuesta ascendencia cultural sobre Hispanoamérica.

Por otro lado, un efecto social tanto o más relevante que el empresarial resulta de la mayor lectura de libros en la ciudadanía, con todo lo que eso significa en términos de acceso a la información, la capacitación profesional, aumento de la autoeducación, aumento de la diversidad creativa, difusión de ideas nuevas y demás efectos positivos derivados de la lectura de libros. En España la lectura per cápita es de 6,5 libros al año (Ministerio de Cultura de España, Encuesta de Lectura, 2006). En Chile este indicador alcanza los 5,2 libros per cápita (Adimark: Índice Lector, 2006), mucho mejor que el de México, 2.9, per cápita (Consejo Nacional para la Cultura y las Artes: Encuesta Nacional de Lectura, 2006) o el de otros países latinoamericanos, pero nos falta para alcanzar el nivel esperado para nuestro nivel de desarrollo.



Finalmente, es importante la consideración de que Chile es el único país de América (incluyendo EE.UU. y Canadá) que graba el libro con un IVA superior al 7% sin hacer ninguna concesión a su venta. No hay ningún país desarrollado que no estimule la edición, venta y lectura de libros a través de la protección de su oferta y la subvención indirecta de su demanda, lo cual debería decir suficiente para entender la importancia de proteger este “mercado”. Lamentablemente los ortodoxos liberales chilenos no lo entienden.

jueves, enero 03, 2008

Fondo soberano del cobre chileno ¿Por qué no?

Muchos países emergentes han creado fondos de inversión que están cambiando el poder financiero mundial. Estos fondos provienen, en su mayoría, del alto precio del petróleo o de otros superávit estatales y se han creado para aprovechar excedentes mediante la capitalización a largo plazo, sin afectar negativamente la economía local con una sobre-inyección de liquidez. Creados originalmente a mediados de los 70 en Noruega y Reino Unido, hoy países ideológicamente tan disímiles como EE.UU., China, Noruega, Arabia Saudí o Brunei han seguido el ejemplo aprovechando el alto precio de materias las primas. Estos instrumentos económicos han recibido nombres tales como Fondo de Estabilización, Fondo Nacional, Gubernamental, etc., y a pesar de sus distintas denominaciones, sus estrategias apuntan hacia la misma dirección: utilizar los fondos extras del Estado para comprar parte de la propiedad de grandes empresas en el extranjero. Durante 2007 estas inversiones estuvieron dirigidas hacia los países desarrollados debido a la escasez de liquidez provocada por las hipotecas de riesgo. Muchas de estas empresas en las que se participa accionariamente son bancos como Merrill Lynch, Morgan Stanley o Citygroup estadounidenses, Barclays inglés o UBS suiza. Esta experiencia es muy interesante para el Chile actual, en donde los excedentes provenientes del cobre se acumulan y acumulan al tiempo que los sucesivos gobiernos no se atreven a gastar por miedo de afectar la inflación, el precio del dólar, el equilibrio fiscal futuro, etc. La alternativa de un fondo de inversiones de origen estatal pero con un manejo no politizado (al estilo del Banco Central, por ejemplo) permitiría rentabilizar esos fondos y fortalecer la economía fiscal. Así las inversiones pueden hacerse con los beneficios obtenidos y no con el capital acumulado. Además, estas inversiones se proyectan en el tiempo según el flujo de beneficios proyectado, lo que no afecta los equilibrios internos, se evita el endeudamiento externo o a lo menos se reduce sustancialmente. ¿Por qué no crear un fondo soberano entonces? Este es el tipo de alternativas que sí funcionan y son buenas para el país, que deben tomarse sin importar el “modelo” ni la ortodoxia fundamentalista de neoliberales y anticapitalistas. Funciona y aporta al desarrollo, cuestión que contribuye a disminuir la pobreza y la desigualdad. Hay que tener la flexibilidad y pragmatismo necesarios para llevarlas a delante.<

jueves, noviembre 29, 2007

La Izquierda secuestrada

Los últimos diez o quince años de estabilidad democrática en América Latina han tenido un costo importante para la izquierda democrática que tuvo logros importante al terminar las dictaduras. Sin embargo, hoy se encuentra dividida entre los social-liberales, una corriente que gobierna en Chile, Brasil, Uruguay y Perú, por un lado; y otra corriente extrema y heterodoxa, que está gobernando en Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Ecuador, además de la situación excepcional (faltaba más) de Argentina, cuyo comportamiento pendular entre ambas posiciones no es fácilmente clasificable.
Estas posturas están expresadas en una serie de artículos publicados en periódicos de América Latina y Europa (como muestra ver: La Tercera de Chile o El País de España) en los cuales se hace referencia a los supuestos males de la izquierda "trasnochada" y a las atribuidas bondades del liberalismo y de la izquierda renovada que han solucionado lo problemas de pobreza en Chile y podrían hacerlo en otros países de América Latina. A mi juicio estos análisis suelen pecar de superficialidad.
Primero, porque los mencionados "éxitos" de las políticas sociales de mercado (como se les ha llamado en Chile) o "tercera vía" (cómo le denominó Giddens) ocultan un sombrío panorama de ineficiencia en la disminución de la desigualdad y el mejoramiento de la repartición de la riqueza que se ha creado en los países que la aplican. Es cierto que se ha generado más riqueza y que estos países crecen económicamente, mejoran sus infraestructuras y han logrado competir eficientemente en el mercado internacional. Sin embargo, esa nueva riqueza no se distribuye por igual y mucho menos se focaliza en los que menos tienen. Por el contrario, favorece desmesuradamente a los que más tienen.
Segundo, porque los muy publicitados conflictos de los países que están aplicando políticas de izquierdismo "a la antigua" son contradictorios con los inmensos apoyos que estos movimientos y líderes logran en sus países. La respuesta para explicar este fenómeno de apoyo popular suele apelar al "populismo", no en el sentido positivo de democracia de base, sino en su acepción peyorativa de tomar medidas populares aunque no sean técnicamente recomendables. Este es el típico supuesto de que los pueblos son estúpidos y que no saben diferenciar entre la demagogia y la realidad.
Hoy los ciudadanos de izquierda nos vemos obligados a optar entre un Estado todopoderoso que pasa por encima de los derechos de los opositores políticos o un Estado que se desentiende de las necesidades y derechos de la mayoría por temor a afectar al capital inversor. Por esto es que en muchas ocasiones veo que han secuestrado la izquierda. No dejan opciones de voto; las únicas alternativas son estas dos. Diversos estudios electorales en varios países coinciden en datos que apuntan en la dirección de ciudadanos de izquierda desencantados. El voto de derecha suele ser más estable en el tiempo, más leal se podría decir. El voto de la izquierda, en cambio, es más difuso en su apoyo y lealtad. Esto se demuestra cuando se observa que a menor abstención mayor probabilidad de que la izquierda gane las elecciones, y en ello coinciden analistas electorales de de EE.UU., España, Chile, Brasil e Italia por nombrar los más sonados últimamente.
Con la izquierda renovada ha habido un efecto pendular no disculpable, pero mejorable. De la revolución y la estatización sin matices se pasó a una liberalización excesiva y en muchas ocasiones injustificada. Se ha adoptado el credo liberal sin restricciones y con aplicación dogmática. Se ha llegado a un absurdo en que los liberales de derecha se toman muchas libertades con el modelo que aconsejan cuando ellos gobiernan, pero los liberales de izquierda son ortodoxos cuando lo aplican.
La izquierda debe moderar su tendencia a abrazar dogmas. Si esa estrategia no sirvió con el marxismo, tampoco lo hará con el liberalismo. En mi opinión, existe la necesidad de una flexibilidad pragmática al examinar las situaciones específicas. Si en algún ámbito funciona un determinado modelo ¿porqué aplicar otro? Por ejemplo: Está medianamente claro para todos en el mundo (salvo para Chile) que el transporte público sólo funciona adecuadamente en manos de empresas estatales o semiestatales. ¿Porqué, entonces, insistir con un modelo que no funciona? Sólo el dogma de la fe liberal explica esta obstinación. Otro ejemplo: si el mercado regula adecuadamente el mundo de la oferta y demanda de productos y servicios ¿porqué insistir en intervenciones estatales que la mayor parte de las veces provoca el efecto contrario al buscado? Este Dogma es el que se aplica en Cuba y que amenaza con extenderse a Bolivia, Venezuela y que ya provocó problemas en Argentina en el tema de los suministros de electricidad, teléfono, agua y gas.
Si la izquierda quiere seguir existiendo como la fuente de justicia social que ha sido durante los últimos dos siglos debe zafarse de sus captores extremistas y reencontrarse con la vertiente que tiene, en su centro, la igualdad de derechos, la libertad de conciencia y la solidaridad con el menos dotados. Las medidas que logren esos objetivos deben ser aplicadas, sean liberales o estatistas, sin credos, sin vergüenzas. El objetivo es lo que importa, no las posiciones metodológicas. Hay que recuperar la creatividad sin complejos. Sin esto no habrá izquierda liberada.

martes, noviembre 27, 2007

Retomando

La vida está hecha de fragmentos. En la mía las cosas y los intereses aparecen y desaparecen con cierta periodicidad. Son como un destello que emerge en el horizonte y se va agrandando hasta inundarlo todo con su luz, pero, como toda inundación, pasa, y al pasar se lleva consigo todo lo que trajo. El eterno retorno me persigue.
Así me ocurrió con este blog. Le dediqué mucho tiempo y esfuerzo mientras estuve inundado de entusiasmo y luego lo abandoné casi por completo. Hoy quiero enmendar ese error y retomar el hilo de lo que fue mi intensión original: escribir, opinar, proponer, imaginar y soñar. Así es que aquí estaré otra vez para mirar la realidad desde la particular butaca que me ha tocado y que he buscado activamente... Nos vemos.

lunes, febrero 12, 2007

Inhabilidad Emotiva

Generalmente la inhabilidad de una autoridad para tomar decisiones públicas se relaciona con sus intereses económicos. Sin embargo, es el “interés” el problema de la inhabilidad y este no se reduce sólo al área económica. Recientemente en Chile fue un escándalo la rapidez de un juez de familia para tramitar su propio divorcio en ocho días cuando el resto de los mortales debe esperar uno o dos años para el mismo trámite. Del mismo modo cualquier “interés” especial, con beneficio directo y personal, que se tenga en un tema debería inhabilitar a una autoridad para tomar una decisión, no para participar en un debate, si no para ser el responsable final de ese debate. Este es el sentido de la justicia ciega que practica occidente. Pues este exactamente lo contrario ocurre en el caso de la Diputada Cristi en cuanto a las drogas. El problema actual no es que ella defienda a su hijo por la acusación de tráfico en la que está envuelto. Eso es natural y esperable. Lo ni natural ni esperable es que dieciséis millones de habitantes deban regular su vida personal de acuerdo a los problemas de una sola madre desesperada. La ley de drogas que impulsó la diputada y la ley de alcoholes que le siguió no están regidas por la lógica pública ni por los consejos internacionales para regular estas materias si no por el celo desmesurado de una madre que está afectada emocionalmente por los efectos en su familia de estas sustancias.
No digo que las personas con problemas familiares o con vivencias de primera mano estén inhabilitadas para tomar sus decisiones o para dar cuenta de la realidad que las afecta al resto de la sociedad que ignora esos temas. Por el contrario, la mejor forma de hacer leyes es informarse bien de la situación de los afectados. Pero eso es exactamente lo que no hace una persona directamente afectada, pues su ceguera emocional le impide darse cuenta que hay más puntos de vista que el propio y que hay más afectados que ella misma. Del mismo modo que no dejamos que el padre de un niño asesinado sea quien juzgue a un violador o que el dueño de una linea aérea sea quien legisle sobre el negocio aéreo o que nos enfadamos si los principales accionistas de las empresas pesqueras son quienes legislan sobre quien debe explotar ese recurso. entonces ¿porque dejar que alguien afectado por las drogas les diga a los demás como deben comportarse respecto de estas?
Debido a esta situación emocional y la debilidad del resto del parlamento chileno se tiene dos leyes que son inaplicables en varios de sus artículos y en otros empeoran la situación más que solucionarla. Gracias a los criterios aplicados por Jueces y Fiscales la cosa no ha llegado al absurdo total pero lo roza cercanamente. El dejar a los profesionales que tratan con adictos al borde del delito, el obligar a los municipios a imponer medidas para las que no tienen personal o impedir que adultos responsables puedan decidir cuando y donde beben una cerveza son algunos de los excesos del celo legislativo de la diputada que se motiva más en sus problemas personales que en el bienestar del país y de sus ciudadanos.

domingo, enero 14, 2007

Aylwin tiene razón: La Deuda de Chile es también la de América Latina

Un artículo muy bueno del diario El País de España trata el mismo tema que el expresidente Patricio Aylwin puso en agenda, la revisión de la carga impositiva. Les sugiero este artículo: ELPAIS.com

El lastre de América Latina

La oposición de las grandes fortunas y consorcios a las reformas fiscales impide reducir las enormes desigualdades sociales

JUAN JESÚS AZNÁREZ 14/01/2007

La cena con aquel ministro mexicano, a mitad de la presidencia de Vicente Fox (2000-2006), certificó hasta qué punto las grandes fortunas, monopolios y consorcios locales rechazan pagar los impuestos correspondientes a su cuantioso patrimonio en América Latina. No hay fuerza oficial para obligarles. El Ejecutivo de Fox había aceptado por aquellas fechas someter a la aprobación parlamentaria una miscelánea de medidas recaudatorias, a todas luces insuficientes para aumentar el gasto social contra la pobreza, que castiga al 50% de los 105 millones de mexicanos. "Si forzamos una verdadera reforma fiscal, los ricos nos tumban el Gobierno", reconoció el ministro. La sinceridad de la confesión enmudeció a los comensales.

Latinoamérica, con el 41% de sus cerca de 500 millones de habitantes en la indigencia, crece a un ritmo de cinco puntos desde hace tres años, como nunca, pero naufraga ante elites y poderes fácticos que desafían a Estados todavía muy débiles para imponerse. Los ganadores de las 11 elecciones presidenciales celebradas entre noviembre del año 2005 y diciembre del 2006, casi todos escorados hacia el centro-izquierda, deberán acometer la que probablemente sea la reforma más urgente en América Latina: la fiscal, imprescindible para reducir las escandalosas desigualdades de una región con índices de exclusión social casi subsaharianos. La masiva emigración hacia Estados Unidos y España atestigua el fracaso. Sólo Chile, Uruguay, Costa Rica y Brasil, de un total de 18 países, redujeron, en mayor o menor medida, esos abismos.

Los recientes resultados electorales no parecen conducir hacia la aprobación de los cambios constitucionales reclamados por una región plagada de diferencias sociales escandalosas y democracias precarias, siempre acechadas por la reacción, el caudillismo o las crisis financieras. Sólo cuatro presidentes electos cuentan con mayoría legislativa propia para acometer los cambios: Evo Morales, en Bolivia, Michelle Bachelet, en Chile, Álvaro Uribe, en Colombia y Hugo Chávez, en Venezuela. Brasil, Ecuador, Costa Rica, Honduras, México, Nicaragua y Perú deberán construir acuerdos para llevar adelante los proyectos de sus Ejecutivos. No será fácil el consenso porque la mayoría de los políticos actúa pegado al oportunismo electoral, y con escaso sentido de Estado, y es improbable por tanto que incluso aquellos con mayorías propias aborden a fondo las dos asignaturas pendientes: la creación de un verdadero Estado de derecho y la ampliación de la base tributaria, con una burocracia eficaz y decente, para recaudar y gastar más en quien más lo necesita.

La reforma fiscal es imprescindible porque el mercado no redistribuye los ingresos. Era "necesaria" en México con el presidente Ernesto Zedillo (1994-2000), "urgente" con Fox, e "impostergable" con el nuevo presidente, Felipe Calderón, según el mexicano Ángel Gurría, secretario general de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), que agrupa a las 30 naciones democráticas más industrializadas. Previsiblemente, lo continuará siendo durante la legislatura que comienza porque, al igual que Fox, del conservador Partido Acción Nacional (PAN), no pudo con la oposición del Partido Revolucionario Institucional (PRI), su correligionario Felipe Calderón afronta la inquina del poderoso grupo parlamentario liderado por Andrés Manuel López Obrador, autoproclamado "presidente legítimo", líder del izquierdista Partido de la Revolución Democrática (PRD).

Lo mismo ocurre en otras naciones latinoamericanas. "Hay cuestiones que no debatimos suficientemente. Tenemos que romper tabúes, y la fiscalidad es uno de ellos", dice Dante Caputo, Secretario para Asuntos Políticos de la Organización de Estados Americanos (OEA).

El diplomático argentino, ex ministro de Asuntos Exteriores (1983-1989), que ha escrutado casi todas las elecciones al frente de equipos de observadores, lamenta en Caracas, donde asistió a la reelección de Hugo Chávez, que las campañas no hayan sido muy edificantes: "¿Cuántos candidatos plantearon el tema de la fiscalidad en América Latina? ¿Y cómo va a mejorar la concentración del ingreso si no mejora la fiscalidad?, ¿y cómo va a mejorar la fiscalidad si usted no tiene un Estado capaz de cobrar y hacer pagar? ¿Quién está discutiendo esa forma de Estado, un nuevo Estado para una nueva democracia?". ¿De verdad, con fuerza y compromiso? Muy pocos.

Once países renovaron en las urnas las presidencias del Ejecutivo, y los parlamentos la mayoría, en una demostración de que los cuartelazos perdieron vigencia. Nunca, desde el retorno de la región a la democracia, hace un cuarto de siglo, había habido una agenda electoral tal intensa. No obstante, 13 mandatarios fueron expulsados por objeciones a su legitimidad en el cargo; con cargos de corrupción, cayeron varios. Algo grave falla. América Latina vive la democracia más larga desde la independencia, "pero la renta per cápita [la división del PIB entre el número de habitantes] prácticamente no varió en ningún país", subraya el alto funcionario de la OEA. "¿Entonces cómo se siente el señor que votó para vivir mejor?".

El señor de Oaxaca o el señor de Cochabamba, las sociedades latinoamericanas en su conjunto, se distancian entonces de la democracia porque sus libertades no se traducen en un mayor bienestar, y siguen ganando 100 euros mensuales, mientras diputados, políticos, alcaldes o jueces se asignan salarios por encima de los 5.000 euros, más dietas casi inconfesables. Un regidor mexicano llegó a aprobarse un sueldo mensual de 35.000 euros. Las sociedades latinoamericanas protestan porque saben que buena parte de los multimillonarios con cuentas en paraísos fiscales no son empresarios modernos que crearon riquezas y empleo cumpliendo con sus obligaciones fiscales, sino mafiosos y evasores asociados con sus pares en Gobiernos y administraciones. Ha sido así, y todavía lo es, desde Río Bravo a Tierra del Fuego.

"Siento que América Latina se acerca a una segunda transición", dice Daniel Zovatto, director regional de IDEA (Instituto Internacional para la Democracia y la Asistencia Electoral) para América Latina. La primera fue del autoritarismo a la democracia, "y la que viene es la transición hacia democracias con mayores niveles de redistribución. Y la fiscalidad va a jugar un papel muy importante". Debe serlo porque la plutocracia latinoamericana no paga los impuestos debidos, ni pagan, por razones obvias, los 200 millones sin acceso a los bienes de la canasta básica. Cerca de la mitad de la población laboralmente activa se ocupa en la economía sumergida, en el paro encubierto, en el tenderete y la chapuza. Ese sector invisible para el fisco.

La carga tributaria en Latinoamérica, esto es, los ingresos fiscales de los Gobiernos, oscila entre el 8% y el 24% del PIB, con la excepción de Brasil, que alcanza el 34%. El promedio es famélico comparado con el europeo: entre el 35% y el 45%. "En América Latina algunos miran al Estado desde arriba y dicen: 'A mí no me toca. Yo soy más fuerte que el Estado', algunos están tan abajo que el Estado no llega a ellos. Entonces sólo queda un sectorcito cautivo al cual llega el Estado", explica Dante Caputo. América Latina es el subcontinente con mayor concentración de poder fuera del Estado. Y el poder económico genera poder político. "¿Qué capacidad tiene usted de hacer pagar impuestos cuando el poder no está en el Estado? El desafío es inmenso", agrega.

El desafío recibido por los presidentes electos fue claro, según la Corporación Latinobarómetro: "Las demandas de los movimientos revolucionarios de los años sesenta son hoy día las demandas de la democracia, y son los partidos de centro y de izquierda los que están ganando las elecciones con las banderas de la igualdad y el desmantelamiento de las discriminaciones". Las enarbolaron en Perú y Nicaragua, el socialdemócrata Alan García, o el ex revolucionario Daniel Ortega, más centrado en sus declaraciones publicas; también la chilena Michelle Bachelet , o el brasileño Lula Da Silva. El venezolano Hugo Chávez tiene petróleo para acometer programas sociales, ganar elecciones, y adentrarse en las nacionalizaciones.

Un liberalismo atenuado acompaña la gestión del colombiano Álvaro Uribe, del mexicano Felipe Calderón, y de buena parte de Centroamérica. La directora del Latinobarómetro, Marta Lagos, es optimista porque la región disfruta de la mejor coyuntura económica de las ultimas décadas, y una inversión de tendencias. "Eso sí, la transformación institucional, la modernización del Estado, avanza a paso de tortuga".

Y sin Derecho, ni equidad, no habrá democracias sustentables. Resurgirán los atajos populistas, el mesianismo, y la quimera como programa. La meta no es la filantropía de los ricos, sino la consolidación de Estados capaces de hacer cumplir la ley sin asustar a los inversores. El investigador Daniel Zovatto subraya que la bonanza macroeconómica de América Latina no debe llevar a engaño: "Hay que diferenciar entre crecimiento y desarrollo". América Latina crece, pero no se desarrolla como Finlandia, España, Chile o los países asiáticos, que articularon los consensos necesarios para definir un proyecto de país. "Lo que ustedes hicieron con el Pacto de la Moncloa, es lo que nosotros nos cansamos de decir en América Latina". Pero los pactos obligan a cesiones y a la renuncia de beneficios, a la que no parecen dispuestos los poderes fácticos, económicos la mayoría. "Yo le hablaba de la segunda transición, la de acabar con la desigualdad. Si no se consigue, volveremos al periodo de las amenazas", alerta Zovatto.

sábado, diciembre 30, 2006

Un Año en Madrid

Llevo un año en Madrid. No es mucho. No es poco. Es una experiencia que aun no puedo calificar de completamente positiva pero que sin duda es una de las experiencias importantes de mi vida. Curiosamente, he tenido que viajar 13 mil kilómetros para encontrar lo que siempre estuvo delante de mí en Santiago: América Latina.
Para quien haya seguido este blog verá claro el giro hacia los temas latinoamericanos que he estado teniendo en el último año. En este tema estoy realizando mi tesis doctoral y a esto espero poder dedicar parte importante de mi quehacer profesional una vez que regrese a Chile. Desde lejos veo ahora cómo en Chile estamos tan preocupados por el desarrollo y el crecimiento del país, por disminuir la pobreza y jugar el ajedrez de los indicadores, que los árboles no nos dejan ver el bosque. Todavía aparecen algunos analistas que comentan lo de la "buena casa en el mal barrio" haciendo alusión a Chile en el resto del continente. Esa miopía sólo muestra la colonización mental de muchos de nuestros intelectuales -especialmente en el área económica- quienes no alcanzan a vislumbrar que la única opción de desarrollo independiente, que la única forma de superar la dependencia económica e ideológica de Europa y EE.UU., es mediante un solo y único bloque latinoamericano, con peso poblacional, estratégico y económico a nivel mundial que permita negociar desde una posición de igualdad frente a los otros bloques económicos. La globalización llegó para quedarse y efrentándonos a ella desde un país que representa menos del 0,5 % del comercio mundial no podremos nunca lograr los cambios que necesitamos. Sólo junto a este "barrio" es que saldremos adelante y sólo con estos "vecinos" es que podremos lograr un trato digno a nuestro comercio, nuestros ciudadanos y nuestros países en general. Trato digno que hoy no se ve recíproco.

lunes, diciembre 11, 2006

Que No Descanse en Paz

Murió Pinochet. Sin duda ahora Chile es un mejor lugar donde vivir. Sólo queda esperar que los juicios abiertos contra la dictadura sigan su curso y terminen por condenar todas las atrocidades del peor período de la historia del país. Unas fotos desde la espontánea celebración de los chilenos en Madrid.

viernes, diciembre 01, 2006

Los Políticos tradicionales y la Integración en América Latina

En su página web bitar.cl, Sergio Bitar, político chileno de la Concertación (ha sido durante los últimos 16 años: senador, ministro de varias carteras y presidente del Partido Por la Democracia) expresa su mirada sobre el momento actual de América Latina. Cito aquí su página por dos motivos: primero, porque es poco habitual que los políticos tradicionales muestren abiertamente y sin eufemismos su postura respecto a la integración de la región; y segundo, porque muestra una serie de preocupaciones respecto de los países de la región a tener en cuenta para la integración futura. Además coincide, en parte de su texto, con la idea del post anterior de este blog (Desintegración: Sin costo Político) respecto a la percepción ciudadana de la integración y las prioridades de los gobiernos. Recomiendo entonces el documento: "Desintegración o Reintegración en América Latina", por Sergio Bitar

miércoles, noviembre 29, 2006

Desintegración: Sin Costo Político

Kirchner corta el gas a Chile. Uruguay le da un portazo al MERCOSUR mediante un TLC directo con EE.UU. Perú hace lo mismo a la Comunidad Andina. Chávez se pelea con todo presidente que no está de acuerdo con él. Morales confisca la producción de la estatal brasileña Petrobrás. Y Chile sigue poniendo al resto del mundo por delante de sus vecinos latinoamericanos en sus relaciones internacionales. Todo esto se produce por un elemento en común: ser un mal vecino no tiene costo político en Latinoamérica, e incluso puede ser visto como un indicador de patriotismo muy apoyado por los medios y por la opinión pública de los distintos países de la región. Esa ausencia de valor que tiene para los políticos la integración latinoamericana no se basa en la inconciencia e inmoralidad, sino en el hecho de que sus votantes no sólo no los castigan sino que hasta los premian cuando se muestran duros con los vecinos. Esto no es culpa de los políticos sino de quienes nos consideramos latinoamericanistas, por no lograr instalar el tema de la integración como una preocupación en la opinión pública. Hoy el político sólo está para administrar el poder, nos guste o no, y hará todo aquello que le permita mantenerlo (es cosa de ver a Ortega en Nicaragua). Por tanto, si mantener una integración latinoamericana le resta posibilidades de manejo interno para resolver problemas que se relacionan con la mantención de su poder, entonces no hay duda de que tirará por tierra todos sus buenos deseos de integración y optará por solucionar lo que la opinión pública (y los medios) de su país (los que votan por él) le señalen que es prioritario. Y la integración no es prioritaria para el ciudadano común ni para los medios de comunicación. Sí lo son el empleo y el crecimiento, tanto que se opta por protegerlos aún cuando las medidas a corto plazo de un país puedan dañar la economía -a largo plazo- de un vecino. Casos como el del gas entre Chile y Bolivia, o el de las industrias de celulosa entre Argentina y Uruguay son claros ejemplos de ello. Argentina se debate con prácticamente todos sus vecinos para mantener sus indicadores económicos y no bajar la popularidad de su presidente. Y a pesar de que esto puede significar la muerte del MERCOSUR nadie le cobrará nada dentro de su país. Lo mismo pasa con Chávez: ofender a varios líderes latinoamericanos no tiene ningún menoscabo en su apoyo popular (aunque sean líderes de centro-izquierda como Lagos y García). Esta es la situación que debemos cambiar quienes creemos que Latinoamérica debe integrarse (primero) y unirse (después) para mostrase como un solo bloque frente al resto del mundo, pues de ello depende su capacidad futura de integración global y de independencia política y económica. Hay que hacer que el anti-integracionismo tenga consecuencias en la política interna de los países latinoamericanos y hay que lograr que la “opinión pública” -que se expresa en los medios y en la cotidianeidad de cada país- considere la unión latinoamericana como un valor, como una meta próxima y posible, y vea en ella un beneficio directo para su realidad.

viernes, noviembre 10, 2006

Encuesta Sobre Unión Latinoamericana

Amigos, aquí pueden dasr su opinión sobre uno de los temas fundamentales de este blog y al cual le he dedicado los últimos post.

¿Apoyaria usted que América latina fuera un sólo bloque, con gobierno, parlamento y leyes comunes?
Si
No
Sólo a nivel comercial
Me da igual
No sabe/ No Responde
Free polls from Pollhost.com

viernes, noviembre 03, 2006

Mirándome el Ombligo Mestizo

Cuando llegué a España hace ya casi un año, escribí en este blog un post llamado “Al fin desde Madrid” en el que hacía una referencia a la “cronología” de la historia de España y Chile, comparando los 400 años de historia de Chile contra los 2.000 años de historia de España. Hace unos días el Dr. Leoncio Camino, uno de mis profesores en la Complutense e investigador de la Universidad de João Pessoa, en Brasil, me hizo una crítica sobre ese texto que me ha hecho pensar (¡otra vez!) en nuestra mestiza identidad.

El profesor Camino me señala que no podemos situar el comienzo de la historia de Chile (o de toda América) en la “llegada” de los españoles, puesto que siglos antes ya existían culturas y pueblos bien organizados en la región. Tengo una respuesta contradictoria a esa crítica.

Por una parte, es verdad que las culturas originarias aportaron en toda América Latina como en Chile no sólo el mestizaje étnico sino que también un mestizaje cultural. Esto se aprecia, por ejemplo, en el lenguaje, en la música, en la comida, en los nombres de nuestras ciudades, en ciertas formas de entender la comunidad y la familia, y en muchas manifestaciones religiosas y en creencias populares. Sin embargo, ese aporte cultural y étnico de las tres vertientes que constituyen hoy nuestra América latina -la española, la indígena y la africana-, ¿pueden constituir por sí solas la Historia de América latina o de Chile? Es decir, si decimos que la historia de América Latina debe incluir la historia conocida de los pueblos originarios, entonces ¿no debería incluir la historia de España y de África? Esto me merece dudas, ya que la suma de esas tres tradiciones culturales no da como resultado una cultura latinoamericana, puesto que el criterio de síntesis de nuestra cultura a partir de las tres vertientes no es aditivo sino cualitativo y, de cierta manera, impredecible.

Por otro lado, ¿es válido afirmar que la historia de Chile es anterior incluso a su nombre y a su unidad territorial? La respuesta se vuelve confusa si pensamos que atacameños y picunches no tenían una percepción de territorio unificado, ni aún menos los mapuches, huilliches, chonos u onas. No se unieron contra los incas ni aún menos contra los españoles o contra el propio ejército chileno.

Queda claro, entonces, que lo que existía en este territorio no era Chile, ni ninguna unidad territorial o identidad social que se le asemeje. Sin duda que durante todo ese tiempo hubo historia pero ¿se puede afirmar que es historia de Chile cuando aún este nombre ni la identidad que genera existían?

Pero, volviendo al post que he mencionado arriba, en él no pretendía (aunque lo parece) fijar en esta diferencia numérica el contraste en lo percibido entre Santiago y Madrid. Definitivamente no es la cantidad de años de historia lo que hace la diferencia, pues si así fuera probablemente África y Medio Oriente serían los sectores del globo más “humanizados” (en el desarrollo de la cultura de lo derechos humanos) y no lo son.

Para concluir, ahora que llevo más tiempo acá puedo afirmar que en el caso de Santiago y Madrid, en muchos aspectos las diferencias son más superficiales que reales. En Madrid la violencia doméstica llega continuamente al homicidio, existe una baja aplicación de la tecnología al servicio de los ciudadanos y se emplean extensas trampas burocráticas para los extranjeros. Éstas, entre otras cosas, me hacen ver ahora que la distancia entre ambas ciudades no es total.

viernes, octubre 27, 2006

¿Integración? No, gracias

Otra vez ocurrió lo de Cortés y los Aztecas, lo de Pizarro y los Incas, lo de toda la historia del siglo XIX que sigue pesando tanto. Españoles primero, ingleses y franceses después y ahora EE.UU. La larga historia de las oligarquías locales que se alían con potencias externas para debilitar o, derechamente, enfrentarse contra el poder legítimo interno para favorecer sus pequeños intereses locales. Le pasó a Atahualpa, le pasó a Bolívar, le pasó a Allende, a República Centroamericana, a la gran Colombia, etc.

La postura chilena frente al voto para el miembro no permanente de origen latinoamericano en el Consejo de Seguridad de la ONU pone en evidencia una vez el problema de la integración de la región. Cuando se trata de hacer esfuerzos en común, Chile (también el resto de los países) se abstiene. “Yo paso” dijo Bachelet, bajo amenaza de ruptura interna desde la oligarquía política tradicional. Ese fue el mismo dilema de Bolívar, San Martín u O’Higgins. Cuando sus reformas generaron desconfianzas entre los intereses de las oligarquías locales se socavaron los apoyos, se dividieron las fuerzas y surgió la amenaza de perderlo todo. Por eso cada uno debió decir lo mismo que Bachelet ahora: “Yo Paso”.

Sin embargo, existía otra opción, la de buscar un voto consensuado, menos afectado por las directrices de EE.UU. pero tampoco controlado por sólo un sector político de América latina, como es el chavismo. La idea de salida alternativa que flotaba en el aire (y en algunos periódicos), que buscaba una opción de consenso que presentara a América Latina unida frente al resto de bloques y frente a la potencia hegemónica del momento no prosperó. Ocurrió lo de siempre: Brasil estaba ocupado en sus elecciones internas, México complicado con el resultado de las suyas, Argentina no quiso opinar porque era el miembro saliente y Chile... se abstuvo. No sólo de votar, sino también de hacer cualquier cosa por una América Latina más unida y más independiente, puesto que con el actual prestigio que tiene en el continente Chile podría haber articulado apoyos para una tercera opción a favor de otro país centroamericano más neutral. Pero se abstuvo.

Por eso hay que recordar: siempre hay alguien desde adentro que busca sus propios intereses y frena todo el proceso de integración latinoamericana. Hoy fue la DC chilena quien amordazó a la presidenta de Chile, a través de Gutenberg Martínez, inducido por Aznar (parte de la DC internacional) aliado incondicional de Bush y financiado (como sabe todo el mundo en España) por los mismos que financiaron la campaña y mantienen la popularidad del presidente norteamericano (Rupert Murdoch y cia.).

Si ésos son los que representan “el bien del país” que supuestamente está detrás de la abstención, entonces yo también paso…

jueves, julio 27, 2006

América Latina al Último Lugar de la Fila

En más de una ocasión el gobierno chileno ha reconocido su error en el ámbito de la política hacia América latina. La última vez fue hace menos de dos años cuando hubo problemas con Perú, Bolivia y Argentina en unos pocos meses: Bolivia dirigió un fuerte ataque comunicacional y diplomático respecto de la salida al mar; Perú realizó reivindicaciones sobre el límite marítimo, y Argentina no tuvo reparos en aprobar un recorte unilateral de gas hacia nuestro país. En todos estos casos, Chile reclamó el desconocimiento de tratados internacionales vigentes y no pasó de ese límite autoimpuesto, dejando así las discusiones sin retrocesos pero también sin avance.
Hoy, pese a que estamos en una situación compleja frente a Argentina, pues el gobierno de Kirchner continúa con medidas energéticas contrarias a los intereses chilenos, con Bolivia y Perú las cosas parecen caminar mejor. Evo Morales se encuentra en una posición más favorable para conversar y, al parecer, Chile estaría más dispuesto a escuchar sus propuestas. En cuanto a Toledo, no ha continuado insistiendo con la frontera marítima, aunque todavía queda ver cuál será la postura de la nueva administración sobre esta materia. Esta "aparente" pero no por ello menos interesante mejoría en las relaciones con nuestros vecinos no está siendo apreciada por los ministros de Bachelet, quienes han realizado comentarios innecesariamente beligerantes. Ejemplo: cuando Evo Morales nacionalizó los derechos petroleros en Bolivia, nuestro Ministro de Relaciones Exteriores se apresuró en vaticinar la ruptura de las bases de la confianza de los inversores, algo tan drástico que ninguna de las empresas afectadas se atrevió a confirmar. La medida no afectaba en nada los intereses chilenos, por lo que este "celo" ministerial resultaba extraño frente a las escasas iniciativas para defender intereses nacionales que se han visto a fectados tras varias medidas tomadas en Argentina el último año. Otro ejemplo: Nuestra ministra de Defensa, aún en contra de las directrices de la moneda, se atrevió a adelantar que Venezuela no da "las confianzas necesarias" como para apoyar su candidatura al comité de seguridad de la ONU. Ello, a pesar del apoyo de Venezuela a las pretenciones de Chile en la última elección de la Secretaría General de la OEA, apoyo que este gobierno realizó pese a que en el último intento de golpe de estado en contra de Chávez, el embajador chileno cometió un desaguizado al dar un prematuro, ilegal e inconsulto apoyo a los golpistas. Es este el tipo de política hacia américa latina que ha desarrollado Chile: alejamiento del Mercosur, distanciamiento de sus vecinos y menosprecio de alianzas que debieran ser naturales para nosotros. Por supuesto que es importante abrir hacia otros continentes y países las relaciones políticas y económicas de Chile, sobre todo después de haber estado tanto tiempo acostumbrado al ostracismo y la dependencia de Europa y EE.UU. Sin embargo, por interesantes que resulten China, India o Corea, nuestro ámbito natural de desarrollo es, fue y será América Latina. Esa es una realidad ineludible y mientras antes se entienda, antes podremos gozar de estabilidad diplomática y buenas relaciones económicas con nuestro vecindario. Esta es un cuestión de primera importancia en las relaciones internacionales del país y especialmente de su futuro. Estas razones hacen incomprensible la falta de prioridad que la Concertación le ha dado a este desarrollo, pues cualquier observador informado sabe que el futuro económico y político está en los grandes bloques, ya que la globalización abierta y sin controles de ningún tipo tiene fecha de caducación. La forma de resolver los problemas de compras de grandes empresas en EE.UU y Europa en los últimos meses dan una clara señal de hacia dónde van las cosas. Los liberales practican abiertamente el proteccionismo. Rusia se reorganiza, la Unión Europea se distancia de EE.UU. y China se sigue fortaleciendo, por lo que no parece que la globalización salvaje vaya a triunfar. Los bloques se inpondrán de aquí a 20 ó 30 años (el tiempo que China se demorará en superar la economía norteamericana). Entonces, si América Latina no está unida sobre sí misma seguirá siendo sólo un punto "simbólico", pero sacrificable, en el contexto global. Y esto es válido aún para las grandes economías de la región, como Brasil y México. Más aún para nuestro país, que no estará entre las 50 economías más importantes del mundo, ni siquiera manteniendo el ritmo de crecimiento de los noventa. Sólo juntos somos importantes, sólo juntos podemos negociar ventajas relevantes, y no esos absurdos espejismos que son los TLC actuales. Juntos somos 550 millones de habitantes. Juntos somos el segundo mercado en relevancia para EE.UU. y para la Unión Europea. Juntos poseemos parte importante de los Bonos del Tesoro norteamericano. Juntos tenemos poder, o al menos algo. Separados, en cambio, somos irrelevantes en la economía global, lo que es particularmente válido para Chile, ya que por el tamaño de nuestra población no podremos ser más importantes que el mero símbolo que somos hasta ahora. Y si nuestros ministros siguen perdiendo oportunidades de acercamiento y de estrategias en conjunto con América Latina seguiremos, como siempre, a la cola del mundo.

martes, marzo 28, 2006

Europa: Entre el bien público y el enemigo público

Hace unos dias el diario El País de España publicó una columna del sociólogo alemán Ulrich Beck sobre las medidas para lograr "acercar" Europa a los ciudadanos de los distintos países como forma de asegurar la continuidad de este bloque supranacional. Europa, a diferencia de América Latina, Asia o África, ha logrado generar una entidad que otorga identidad a sus habitantes y logra funcionar con una institucionalidad fuerte. El europeo común parece no darse cuenta todavía de cómo la identidad que emana de esta entidad supranacional es el futuro y cómo, les guste o no, con Constitución o sin ella, poco a poco este nuevo y gran parámetro de identidad social será la que prevalezca. Esto será así no sólo por la insistencia, visionaria u oportunista, de los políticos europeos, si no por un proceso mucho mayor que amenaza los negocios, el desarrollo económico y los insumos necesarios para mantener el nivel de vida y de sus habitantes, y que es la supremacía cada vez más irrespetuosa que ostenta EE.UU. y la emergencia de India y sobretodo de China en la escena geopolítica mundial.
Europa tiene problemas para lograr que el ciudadano común se sienta beneficiado por este bloque, sin embargo, cada vez que ese mismo ciudadano sale de Europa una serie de hechos lo hacen sentirse nuevamente europeo: su pasaporte, la velocidad con que se mueve en los aeropuertos, la atención dispensada por las agencias de turismo, la prioridad al momento de crisis, etc. Ello, sin contar con otros visibles beneficios, como el libre tránsito de personas e inversiones, la libertad de trabajo y, en general, la facilitación de la vida de los europeos. Pero estas ventajas parecen obnubilarse si se comparan con las dificultades que ha generado el euro, la moneda que todos culpan del alza del costo de la vida. Las medidas liberales que ha tomado el Banco de Europa para conservar a raya la inflación tiene a la economía, la cesantía y la inversión en niveles mucho menos positivos de los que serían posibles para este nivel de desarrollo. Si tan sólo se aplicaran las mismas medidas que la reserva federal aplica en EE.UU. la situación de la población sería mucho más positiva. Estos problemas, que parecen ajenos a los procesos psicosociales de la identificación, no lo son en absoluto. El bienestar y el éxito relativo de la entidad generadora de identidad parecen ser vitales para que las personas se autoconsideren, masivamente, como parte de un colectivo demarcado por esta entidad. Es decir, si no se logra traspasar el bienestar prometido a la mayoría de los europeos, la identificación con Europa no terminará de consolidarse. El rechazo de la izquierda francesa a la Constitución, pese a ser una de las impulsoras originales de la Comunidad, es una buena muestra de cómo está actuando esta identificación negativa; es decir, culpar a Europa de los problemas. En la historia este problema de identificación de los habitantes con sus denominaciones nacionales se ha resuelto, muy habitualmente, de una sola manera: la amenaza externa. Sin fallar, en la mayor parte de las naciones emergentes de América, África y hasta en la Europa del siglo XXVII, las guerras con el vecino fueron siempre buen sucedáneo del binestar de los ciudadanos. Queda por saber si los líderes europeos se decidirán por la opción de generar bienestar a sus ciudadanos o por encontrar un enemigo común para lograr que los habitantes de Europa se identifiquen y den legitimidad a esta nueva entidad histórica llamada Comunidad Europea.